Mayor conectividad, mejor atención

La pandemia de COVID-19 nos ha brindado la curiosa posibilidad de cambiar de manera sistemática los servicios de interpretación profesional en varios entornos médicos. Ha cambiado drásticamente la forma en que vivimos todos los aspectos de nuestras vidas y continúa cuestionando la eficacia de nuestro sistema de atención médica. Cuando las citas presenciales dejaron de ser las opciones principales para los pacientes, debido a los requisitos y recomendaciones de distanciamiento social, la interpretación por videoconferencia (VRI, en inglés) aumentó con gran velocidad, según la ubicación geográfica. En algunos hospitales, se registró un aumento en las citas de VRI: de 10 a 15 por mes, antes de la COVID-19, a aproximadamente entre 100 y 200 al mes en la actualidad.

Por lo general, la telesalud abarca una amplia gama de comunicaciones entre el proveedor y el paciente a través de portales en línea y herramientas de audio o video. Uno de los grandes obstáculos que se presenta en este tipo de comunicaciones tiene que ver con el Internet. El uso y la expansión de estos servicios de VRI y telesalud dependen de la familiaridad que los pacientes tengan con la tecnología necesaria, del acceso a Internet y de la manera en que transmitimos los servicios de telesalud a quienes intentan inscribirse. Según Peterson-KFF Health System Tracker, una gran proporción de pacientes hispanos no contaba con acceso a Internet en el hogar en 2019, en la que el 24% eran personas mayores hispanas, en comparación con el 18% de todas las personas mayores.

La conectividad es primordial, tanto para brindar una atención segura y de calidad en la actualidad, como para mejorar la atención en el futuro. Dicho esto, se enumeran a continuación algunas de las mejoras que los proveedores de servicios lingüísticos sugieren a los hospitales, clínicas y centros de atención médica para su implementación:

  • Servicios para pacientes con dominio limitado del inglés (LEP, en inglés) y adopción de servicios apropiados de interpretación remota (RI, en inglés) por parte de todo el personal de atención médica.

  • Capacitación a proveedores y personal para aumentar la familiaridad con la tecnología disponible y asegurar su uso apropiado.

  • Exploración de las barreras presentes al utilizar los servicios de RI, para garantizar que se aborden y se solucionen.

  • Evaluación adicional del costo y la efectividad del servicio remoto, incluida la comparación de modalidades, como la interpretación por teléfono (OPI, en inglés) frente a la VRI, con el fin de informar las mejores prácticas y políticas.

  • Uso de micrófonos externos desechables que se puedan sujetar a la ropa del proveedor; el intérprete escucha con mayor precisión ya que, si se pierde de algo debido al ruido, se corre el riesgo de que la interpretación sea inexacta.

  • Mecanismos y planes para los servicios lingüísticos ante respuestas de emergencia, en distintos niveles.

El enfoque debe estar en conectar a más pacientes con las distintas opciones. Los hospitales y los otros entornos deben estar más dispuestos y capacitados para brindar servicios de telesalud a los pacientes LEP, con sordera o dificultades auditivas mediante la interoperabilidad de los servicios de VRI, incluida la interpretación del lenguaje de señas estadounidense (ASL, en inglés), para poder alcanzar la seguridad y la equidad deseadas.